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EL ATARDECER

Oídos taponados, calor. Algo aprieta mi garganta y me corta la respiración. Llanto. Dolor de cabeza, flojera. Tendré que decirme que todo ha acabado, pero no es verdad, ni siquiera ha empezado.  En eso consiste la pasión, en estar muy alto o muy bajo, por eso amo el cine, bendita profesión a la que aspiro, como me ha gustado siempre jugar con mis límites…

Dije en mi primera entrada que me dedicaría a compartir cosas muy visuales, inspiradoras a ser posible, a no ser que me apeteciese hablar de algo en concreto. Pues bien, la verdad es que sí me apetece hablar de algo en concreto, podéis echarle la culpa a esta cita, y es que no siempre la inspiración viene a partir de la imagen…:

“Totalmente desprevenidos entramos en el atardecer de la vida. Lo peor de todo es que nos adentramos en él con la falsa presunción de que nuestras verdades e ideales nos servirán a partir de entonces,  pero no podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa que la mañana, pues lo que en la mañana era mucho en el atardecer es poco y lo que en la mañana era verdadero en la tarde será falso”.

Dr. Wayne W. Dyer

¿Qué quiere decir esto?. Llamémosle “punto de giro” algo que  en Hollywood sabrían muy bien en que minuto conviene introducirlo, pero que yo no puedo estar más en desacuerdo, por muy pensado que esté y por mucho que efectivamente pueda funcionar, nada es tan cuadriculado. Los hay que se empeñan en asegurar que el cine es una industria, no voy a ser yo quien niegue que efectivamente eso es lo que es, pero permítanme soñar un poco más allá.

De lo que esta cita habla es del cambio, el cambio que sucede tras un gran acontecimiento que nos hace ver las cosas de otra manera, ni que decir tiene que el cine está sufriendo un cambio, pero no es de ese cambio del que quiero hablar, es del cambio que se produce dentro de todos nosotros cuando decidimos dedicar nuestra vida a algo.

Tengo que reconocer que me siento triste y enfadada por como funciona este “mundillo” al que yo llamo “secta” en el que hay tanta pasión y en el que, sin embargo, se palpa tan poco  más allá del carácter estridente de gran parte de sus profesionales.  Hemos decidido dedicar nuestras vidas a vendernos y lo peor de todo es que no es culpa nuestra, y como bien es conocido ya en todos los ámbitos de este sistema; ponerle cara al culpable es imposible. Todo empezó cuando llamaron industria a nuestros sueños. Sí, puede sonar muy bucólico, pero  me costó muchos años darme cuenta de a que quería dedicar mi vida, así es que sí, ahora que lo he encontrado me permito llamarlo “mi sueño”. La pena es que cuando veo como funciona, me avergüenzo de llamarlo SUEÑO y me pregunto: ¿tan triste es mi vida que deseo tanto dedicarme a este despropósito de faranduleo, egos y productos? .

Cuando estudiaba Bellas Artes en Barcelona escribí un artículo en el que renegaba de los “artistas” y de las galerías, decidí estudiar cine con la idea de que dejaría atrás al “artista” para encontrarme con un conjunto de artesanos haciendo arte y eso me hacía sentir feliz. La mala noticia es que todo el mundo quiere ser el artista dentro del conjunto de artesanos y que las galerías han sido sustituidas por las productoras y, sobretodo, las distribuidoras. Vuelvo una vez detrás de otra a darme cuenta siempre, por mucho que intente escapar de ello, que este sistema caníbal se encuentra detrás de todo lo que elijo. MALDITA SEA.

Pues bien, no sé que es lo que opinarás tu, tanto si te dedicas al cine o a cualquier otro arte como si no, porque al fin y al cabo todos somos cómplices de este uróboros al que no se le ve el fin por mucho punto de giro absurdo que creamos dar, por mi parte, no sé que le deparará al cine en ese cambio que va a tener que producirse irremediablemente para su supervivencia, pero espero que cualquier movimiento que se haga sea siempre desde eso que nos motivo a todos a embarcarnos en una profesión, que más que una profesión es un estilo de vida, eso que aun sabiendo que íbamos a tener que dedicar muchas horas y salud nos hacía seguir adelante, la pasión que sentimos; ni el reconocimiento, ni el dinero, estas son cosas necesarias viviendo en el mundo en el que vivimos desgraciadamente, pero si pensamos en un cambio real, no en esos cambios que nos devuelven siempre al mismo sitio, debemos situarnos en la utopía, donde la pasión se encuentra en el mero hecho de dedicar nuestra vida a lo que nos gusta, porque nunca sentiremos que estamos trabajando, en su sentido peyorativo, cuando amamos lo que hacemos y porque sólo desde la utopía crearemos cosas nuevas en las que cabe todo el mundo de la misma manera.

Un saludo: buenas tardes.

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