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Malos Tiempos – La vida de un escritor

A veces te encuentras con una película, un libro o una canción que hace que algo en tu interior se remueva. No suele ser habitual, pero a veces pasa. Se establece una conexión que crea un reflejo de tus experiencias y sentimientos, en donde puedes ver como tus ideas se transforman. Como ya he dicho, no suele ser habitual. Pero es necesario encontrarse con obras de este tipo, entre tanta basura ,para una vez más, reforzar la creencia en lo que hacemos.

En este caso ha sido un libro, Malos Tiempos, de Carlos Salcedo Odklas. Relatos y poemas del submundo. Personajes solitarios, perdidos, atrapados en una sociedad que de alguna manera todos hemos ayudado a crear y que ahora no podemos escapar de ella. Con una narración sólida y pesimista, nos introducimos en un mundo que está a la vuelta de la esquina, de tu esquina. Sin dinero, con un futuro previsiblemente oscuro, avanzamos sumidos en la inercia de intentar atrapar una zanahoria, cada uno la suya. El sueño americano 2.0.

En el siguiente documental podréis ver los poemas e imágenes grabadas durante mi estancia en León, el día en que Carlos, con su libro recién publicado, fue contratado en el museo de arte moderno, MUSAC, para un recital de poesía.

También os dejo el enlace para adquirir el libro.

http://www.edicioneslupercalia.com/

 

NARCOLEPSIA

AVISO: Es probable que debas leer mas de 147 caracteres para comprender este artículo en su totalidad.

A pesar de la aparente simplicidad del vestuario me es difícil encontrar un rostro de mujer que tenga su piel tal cuál es. Nuestra época ha supuesto el triunfo del maquillaje. Y no solamente el de los rostros, sino sobre todo el del espíritu(…)Vivimos en plena violencia y nos encontramos probablemente a las puertas de una violencia mayor todavía. Hacemos todo lo posible por dirigir esta operación “con dulzura”, por triunfar mediante la persuasión. De ahí surge el cáncer de nuestra sociedad: la publicidad

Jean Renoir 5 marzo de 1971

Creo haber puesto este texto con anterioridad en alguna otra entrada, pero por todo lo que está pasando me gusta recordarlo. Esa violencia mayor a la que se refiere Renoir, hace tiempo que está con nosotros. Nos rodea constantemente, en todas partes. Es muy difícil tener pensamientos propios, razonados, que se alejen de las opiniones que todos tenemos y que en su gran mayoría no son más que la repetición de un mensaje que hemos visto o leído en algún lugar. Y puede que estemos de acuerdo con ello, pero el trabajo lo ha hecho otro. Todo rápido y claro, que no estamos para usar la cabeza. Por favor, no vayan molestarme en el poco rato que tengo libre.

Como no quiero generalizar y caer en errores superficiales y porque no voy a invertir más de una hora en esto, que me canso, voy a hablar de un par de ejemplos concretos dentro de lo que nos atañe o interesa que son las películas. Para ello podría usar una infinidad de ellas, pero he elegido dos que han sido vista y aclamadas por todos. Metrópolis de Fritz Lang y  The Dark Knight Rises de Christopher Nolan.

AVISO: el análisis está basado en el datos objetivos, quiero seguir manteniendo ciertas amistades que adoran estás películas.

Metrópolis habla sobre un distopía futurista en la que una clase privilegiada vive en la superficie de la ciudad, a costa de los trabajadores que la mantienen desde su encierro en el subsuelo. Freder, el hijo del dirigente de Metrópolis, descubre la situación de la clase obrera y junto a Maria, de clase trabajadora, pretenden unificar los dos mundos a través del amor. Al enterarse de esto Johan, el director de la ciudad, habla con un científico llamado Rotwang, que crea un robot con la misma apariencia de Maria, con la intención de manipular a los trabajadores. Lo que no sabe Johan es que Rotwan se la tiene guardada por haberse tirado a su mujer y pretende destruir la ciudad. Al final el odio se les va de las manos a los trabajadores e inundan su propio submundo. Desesperados por el error que han cometido suben a la superficie en busca de la que creen que es Maria. Al final se descubre el engaño del robot y la verdadera Maria y Freder intervienen en la mediación entre los trabajadores y Johan. Acabando la película con un apretón de manos entre Johan y el representante de los trabajadores y con un texto que dice.” El mediador entre la cabeza y las manos debe ser el corazón”

The Dark Knight Rises, por su parte, trata sobre…bueno ya sabéis de que trata, solo resaltar unos cuantos datos; Gotham que se encuentra en estado de paz gracias a las mentiras que han sido necesarias para crear la Ley Dent. Bane planea un caos financiero que tiene como único objetivo arruinar a Bruce y que éste ceda el control del su empresa a Miranda Tate, que resulta que no es la filántropa que aparenta sino que en realidad es hija de Ras Al Ghul y no Bane, como nos hacen creer a lo largo de toda la película. Batman finge su propia muerte y asegura la continuidad de su legado dejando al policía John Blake al cargo de lo que era Batman.

Las dos películas son impecables a nivel técnico, cada una es su época y las dos películas y tiene algo en común; la mentira.

Captura de pantalla 2014-01-10 a la(s) 15.26.23En Batman es totalmente evidente, desde el principio al final se juega con la ambigüedad de los personajes, la mentira se usa como una herramienta para un fin, pero solo la mentira final , la simbólica, anidada en la emoción es la que funciona. En Metrópolis el engaño también forma parte de la trama, están engañados los privilegiados que viven sin saber, los obreros, luego el robot falso, etc…acabando con la supuesta unión de los trabajadores con el capital. Pero en realidad no es más que una especie de seguro, una póliza de apaciguamiento que provee al capital del medio necesario, el corazón, para mantener el status quo despojando a los trabajadores de conseguir su objetivo. Para comprobar objetivamente lo que digo, en el primer caso ya se en cargan los personajes de decirlo de su propia boca. Captura de pantalla 2014-01-10 a la(s) 15.20.42En el segundo hay que fijarse un poco más. En la secuencia final, en la que se supone la libertad y el nuevo comienzo, Lang continúa con el esquema inicial de puesta en escena en la que los trabajadores que suben de manera mecánica y en forma de triángulo hacia el industrial que se encuentra en lo alto, resaltando su omnipotencia. El padre ha superado al hijo, ahora el capital tiene una herramienta eficaz para sus fines.

Fritz Lang y Thea von Harbou, tenían diferentes posiciones políticas. Para esta película en concreto, se dice que Lang estuvo más centrado en lo técnico y su mujer en el guión. Ella era simpatizante del nacionalsocialismo y él no. Los hermanos Nolan deben de ser liberales,  no lo sé, ni importa. Lo que está claro es que toda esta gente sabe bien lo que están contando. En el caso de los Nolan, todas sus películas tratan sobre la información y su manipulación y puede que solo sea por que no hay nada más cinematográfico que la mentira pero lo cierto es que en este tema son unos cracks.

Lo que me preocupa y desagrada es que actualmente la información en los Blockbusters parece directa, pero no lo es.  Todo el mundo es crítico pero solo de la capa superficial de la película, su guión, aspectos técnicos y demás. El trabajo duro queda por hacer. Se desprecia al espectador y lo que es peor aún el espectador lo acepta como tal y muchas veces no es capaz de ver la realidad de lo que le están contando. No sé como sería en la época de Metrópolis pero por lo menos Lang mantiene una coherencia estética con lo que está contando. Actualmente es muy difícil ver esto en un blockbuster o bueno en casi ninguna película. Todo es conformista. Sino ¿alguien me puede decir que les pasa a los actores de The Dark Knight Rises? Su actuación es tan ridícula por momentos, culpa de lo que sale de sus bocas, que es posible achacar como dice el internauta del siguiente video, la muerte de Marion Tate, a un raro ataque de narcolepsia.

Para finalizar contraatacar contra aquellos que dicen que no siempre se puede ir al cine a destrozarse la cabeza o ver cosas oscuras y pesimistas, estoy de acuerdo con ellos. Pero el cerebro está para usarlo, aunque sea de vez en cuando. Y todo lo que pasa a nuestro alrededor es resultado de nuestros pensamientos. Hay que ser consecuente. Como decía Kubrick de La lista de Schindler “el problema de lista de Schindler es que Steven hizo una película sobre el éxito, pero el Holocausto solo se puede tratar desde el fracaso”

Saludos.

¿Utopía delirante?

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¿Es posible que la especialización y los métodos de trabajo basados en la producción en masa de películas, nos alejen de la verdadera esencia de lo que estamos haciendo? Siempre hay mucho que hacer y poco tiempo. Terminar se convierte en el objetivo principal. Cada uno es un profesional en lo suyo, cada uno tiene un objetivo, que su trabajo quede lo mejor posible. Casi siempre los motivos para lograr este fin son técnicos, falta luz, pasa un avión, fallo de raccord, un poco más triste, mantén la mirada…hay que solucionar estas cosas y cada uno a lo suyo. Hay un plan de rodaje en función del tiempo y del dinero. Todo se ajusta y se rueda lo que está escrito. ¡Y voilà, se terminó. Pero aún no se ha visto la “magia del cine” En muchos casos lo que se ven son caras de extrañeza, actores desconcertados, directores en estado de trance, sonidistas atacando el catering (en mi caso) etc…Después se monta, se hace la posproducción y la música. Y es ahí donde aparece la magia, porque generalmente lo que estaba planeado cambia y aunque conserva la esencia, es otra cosa. En este punto el director vuelve en si, respira y da gracias al señor.
¿Dónde está la magia? En la sorpresa, no hay que ser muy listo para entender esto. Los métodos de trabajo estándar no dejan lugar a la sorpresa. Están basados en el tiempo y el dinero. Los guiones se escriben con técnicas basadas en lo que lleva funcionando desde los tiempos de Asalto al tren del dinero y que en muchos casos funciona. Todo esto es normal porque si se invierte dinero lo más normal es querer ganar dinero y no perderlo. Pero entonces, ¿en qué nos convierte todo esto?¿Qué significado tiene lo que hacemos?¿Qué significado tiene para el espectador?

Contesto una a una en el mejor de los casos;
1-En un empleado y si pasas por el aro seguirás siéndolo.
2-Ganar dinero y premios.
3-Pasarlo bien.

Contesto una a una en casi todos los casos;
1-En un empleado y si pasas por el aro, a lo mejor seguirás siéndolo.
2-Perder dinero y salud, o sea, ninguno.
3-Pagar y sentirse estafado.

Es cierto que la primera de las dos opciones no está nada mal y que en esos marcos se crean grandes películas, no digo que no. Pero la proporción es muy pequeña y hay que ser un gran técnico. Pero lo que realmente me parece extraño, por no decir otra cosa, es que cuando apenas hay dinero o directamente no hay dinero para hacer las cosas, se siga por el mismo camino.

Los cortometrajes, son un espacio para la experimentación, con total libertad creativa para nuevos métodos. ¿Por qué todo el mundo sigue el mismo camino?
Lo estándar puede ser peligroso al igual que la libertad total. Creo que lo ideal es ser totalmente libre pero con un pie en lo estándar. Para esto hay que contar con una mente abierta y métodos de trabajo diferentes que encajen en lo estándar.
Esto es de vital importancia si no queremos caer en la banalidad absoluta o la marginalidad. Pero parece que como un reflejo social, los términos medios están desapareciendo. Y no quedará otra que luchar si no queremos estar en ninguno de los dos extremos.
Haciéndolo podría volver a contestar las preguntas.
¿En qué nos convierte todo esto?¿Qué significado tiene lo que hacemos?¿Qué significado tiene para el espectador?

Contesto una a una en el mejor de los casos;
1-En un trabajador y seguirás siéndolo.
2-Aquí ya hay varias posibilidades, en mi caso, luchar por lo que ideológicamente creo.
3-Vivir una experiencia.

Contesto una a una en el peor de los casos;
1- En un trabajador y seguirás siéndolo. Realizaras películas marginales.
2- Aquí ya hay varias posibilidades, en mi caso, luchar por lo que ideológicamente creo.
3- Vivir una experiencia, puede que buena, puede que mala.

Para terminar os pongo varios ejemplos de grandes cineastas actuales que utilizan métodos diferentes pero siempre con un pie en lo establecido.

Werner Herzog

Lucrecia Martel y su puesta en escena a través del sonido.

Hirokazu Koreeda sobre el guión.

Wong Kar Wai un tipo que odia escribir guiones

David Lynch que decir…os dejo su último videoclip

Javier Rebollo sobre todo esto…

Salud  y a crear.

MÚSICA

La música es un vehículo para la mente. Ahí van diez temas que me ayudan a viajar, escribir y a vivir. En realidad son muchos más, pero estos creo que son los que más escucho.

1-Neurosis – From the hill-  “A Sun That Never Sets”

2-Angelo Badalamenti – Love Theme- Mulholland Drive bso

3-Autechre – Ilanders – OverSteps

4-Autechre – Teartear – Amber

5-Gil Scott-Heron – new York is killing me – MA 006LTD

6-Meshuggah – Bleed – Obzen

7-Meshuggah – Break Those Bones Whose Sinews Gave It Motion – Koloss

8-Planetary Assault Systems – Surface Noise – PF 057

9-Einsturzende Neubauten – Sonnenbarke –

10-Drexciya – Unknown Journey III

La mirada

Si eres actor, escritor, director de cine, pintor, fotógrafo, músico, escultor, en definitiva, si te dedicas a una profesión creativa, es probable que te hayan echado “la mirada”, y si lo han hecho, sabes de lo que hablo.

Quizá todo empieza cuando eres pequeño y te preguntan qué quieres ser de mayor. Al principio, a la gente, a tus padres, cualquier respuesta que des les parece bien, les hace gracia, les provoca una sonrisa. Lo malo es cuando pasan los años, y tú sigues respondiendo lo mismo. Entonces deja de hacerles tanta gracia. Y se empiezan a preocupar.

Yo de pequeño quería ser actor. Supongo que porque deseaba con todas mis fuerzas formar parte de las películas, jugar a ser otro, ayudar a Batman a salvar Gotham, montar a lomos de Fuyur y recorrer el País de Nunca Jamás, ganar al Jumanji. Quería formar parte de eso,  y la forma más evidente, y quizá la más vistosa de hacerlo, era ser actor.

Mis padres, que son unos benditos, al ver que insistía en mi proyecto vital, y preocupados por mi futuro, intentaron que mantuviera ése deseo, pero solo como un hobby, o como una segunda profesión, que siempre acompañaría a la otra, a la profesión verdadera, a la seria, a la que me iba a dar de comer. Pero lamentablemente para ellos, y quizá también para mí, siendo honestos, les salí  terriblemente cabezón, muy soñador, y muy poco práctico.

Mi madre, intentando ayudarme a cumplir mi deseo, me apuntó a una agencia de actores y me convertí en “un niño casting”. Por suerte, solo viví  la parte luminosa y divertida de ese mundillo, y no llegué a ver la otra, aunque sí llegue a vislumbrar  sus sombras en otros niños y sus madres, en sus miradas, demasiado secas, demasiado anhelantes.

Mi etapa como “niño casting” pasó sin pena ni gloria, pero yo seguía en mis trece, quería ser actor, así que me metí en un grupo de teatro para aprender a serlo. Por ésa época, empecé a escribir con frecuencia. Con mucha frecuencia.

Años después, con la misma seguridad que les había dicho a mis padres que quería ser actor, les dije que ya no quería serlo, que quería escribir y dirigir, me había dado cuenta que ahí estaba mi verdadero potencial, lo que yo realmente era, y lo que quería ser. Y ellos tuvieron que aceptarlo. Supongo que les hubiera gustado más que mi revelación me hubiera llevado a decidir ser abogado, o psicólogo, pero no se dio el caso. Aun así, intenté, a mi manera, darles el gusto de estudiar una carrera, pero ni por esas pude hacerles felices, porque de todas las carreras que podía elegir, fui a  matricularme en una de las que menos salidas tiene, Filosofía.

Durante mi segundo año en la carrera, me matriculé en una escuela de cine, y en mi primer año allí, por primera vez en mucho tiempo, tuve la certeza absoluta de que estaba haciendo lo correcto, y que ése era el camino que debía de seguir. Tenía veintiún años. Y a partir de ése momento, cuando la gente se da cuenta que vas totalmente en serio con lo de escribir y dirigir, y que no tienes un plan B, que vas a todo o nada, empiezan a echarte “la mirada”, que tiene la cualidad de hacerse más marcada cada año que pasa.

El acto de recibir “la mirada” tiene su propio ritual, y salvo pequeñas diferencias, suele ser así: Lo normal es que “la mirada” se reciba en la calle, en mí caso es lo más habitual. Sales a la calle a hacer un recado, porque has quedado, o porque te apetece dar una vuelta, sin más, y cuando vas caminando, te encuentras con unos conocidos, gente a la que conoces lo suficiente como para pararte a hablar. Por lo general suelen ser gente de la edad de mis padres o más, normalmente se trata de amigos suyos, o de los padres de alguno de mis amigos. Muy excepcionalmente, son amigos míos o gente de mi edad.  Tras intercambiar los típicos comentarios de rigor y preguntar por la familia, llega la frase que da paso inmediato al acto de lanzar “la mirada” y al acto de “recibirla”. “¿Y qué tal vas con lo tuyo, estás trabajando?”

En ése momento, me encantaría poder responder algo como, sí, acabo de terminar una película, sí, estoy de guionista en “Cuéntame”, o sí, estreno este mes una función en el Español. Sé que si contestará algo como eso, serviría como un escudo espejado frente a la mirada de Medusa, y podría dejar petrificado al conocido. Pero honestamente, todavía no he podido contestar nada parecido. Incluso en los buenos momentos, cuando he podido decir que estaba trabajando en un anuncio, o en una obra de teatro, los cortos no les valen, no he podido evitar que me echaran “la mirada”.

“La mirada” suele producirse mientras estoy hablando, mientras le cuento cómo me va la vida, y cómo me va en la profesión que decidí escoger contra viento y marea. Es entonces, según hablo, cuando noto realmente “la mirada”, noto como  esa persona me mira como si tuviera cáncer, o una enfermedad terminal, como si estuviera contemplando a un tipo realmente enfermo, muy jodido. De pronto, noto una fría brisa en el culo, y me doy cuenta que ya no estoy  vestido con la ropa que llevaba al salir del portal. Estoy vestido con una bata de hospital abierta por detrás, y mi mano sujeta un contador de suero. Es el poder de “la mirada”. El emisor de la mirada asiente con la cabeza y me sonríe como si entendiera mis tribulaciones, como si me apoyará en mi empeño, como si confiara en que voy a conseguir alcanzar mi sueño, pero en realidad lo único que está pensando es, “pobrecito, ¡la hostia que se va a pegar!…no me gustaría ser su padre.”

Llegado a este punto, como la conversación se me vuelve un poco incomoda, y tengo frío en el culo, procuro despedirme del conocido lo antes posible. Normalmente, al despedirnos, y como cierre del ritual, el conocido en cuestión  suelta una frase del tipo: “Bueno, ¡ya nos invitarás a un estreno cuando seas famoso!” “…y a tu puta madre”, pienso yo, aunque nunca es eso lo que respondo, por supuesto.

Después de despedirnos, el conocido se va por su camino, y yo por el mío. Si el desconocido va solo, supongo que me imagina durante unos segundos durmiendo bajo un puente, o pidiendo en la puerta de la iglesia. Si va acompañado, presumo que compartirá sus impresiones con su acompañante, y dará gracias al cielo porque sus hijos no son como yo, y han estudiado una carrera seria. Yo, mientras tanto, me voy pensando que algún día, le demostraré a ese conocido que yo estaba en lo cierto, que lo he logrado.

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THE MASTER

The_MasterAyer me enfrasqué en uno de esas estúpidos e inútiles debates sobre cine en las que todo el mundo cree tener razón, incluido un servidor claro está. Todo empezó hablando de Lincoln de Spilberg. Una película en mi opinión superficial que se centra tan solo en lo magnifico actor que es Daniel Day-Lewis. Hay comenzó la discusión. Es evidente que Lewis tiene una gran personalidad pero no creo que sea culpa de su gran talento ni de su magnetismo que lo único que se espere durante el metraje es ver que va hacer en la siguiente secuencia el señor presidente. Hay un desequilibrio de elementos formales graves. Pocas veces he podido soportar una película entera con semejantes errores, simplemente me canso de ver a un actor constantemente actuando, o una fotografía estupendísima etc… Y que conste que me De Lewis me encanta.

El debate no llegaba a ningún sitio, no dábamos un paso atrás. Además debatir con personas que piensan que los actores son lo más importante de una película, no es debatir es discutir (sin rencores, eso si) Saqué a relucir, Django de Tarantino(en un intento desesperado por hacer comprender el desequilibrio sin nombrar a los actores) en la que cada secuencia deja patente la marca Tarantino, solo se ve a Tarantino, solo habla Tarantino, brillante la elección musical Tarantino. Coño si sale Tarantino…¡y dos veces! Que conste que Tarantino me gusta, Pero Django, aunque divertida por momentos, está muy desequilibrada.”y…¿Marlon Brando al final de Apocalypse Now?” Volvemos con los actores. Pues es cierto que lo clava, el magnetismo es el magnetismo, eso nadie lo discute. “pero nunca una película sobre el desequilibrio fue tan equilibrada” y me quede tan ancho, es lo bueno de las discusiones familiares, que el ridículo es una norma.

Al llegar la noche, aún tenía en mi cabeza el tema del desequilibrio, del magnetismo, de los actores…y con cierto recelo comencé a ver The Master de Paul Thomas Anderson. Seré breve..y puede que me deje llevar por la emoción del momento, pero es la película que más me ha sorprendido en los últimos años. Y empezaré por los actores. Todo es puro magnetismo, en todos ellos. Por momentos recordé la sensación que me produjo Fanny y Alexander de Bergman, una sensación hipnótica, en las que los personajes son tratados con tanta honestidad que hace que bajes la guardia y te vulneres ante una historia oscura y bella. Al igual en la película de Bergman, nunca sabes que esperar y no puedes apartar los ojos de la pantalla en las 02:45 que dura. Tal vez en su último cuarto pierde intensidad pero por lo demás chapó. El sonido, la música, la fotografía, el guión, los actores, el montaje…. Si podéis, id a verla al cine luego hablamos/discutimos (sin rencores, eso si)

CONSEJOS PRÁCTICOS

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Consejos para ser director de cine; he escuchado muchos pero de todos, me quedo con dos. “Aprende a robar coches y a falsificar documentos” Wergner Herzog. Detrás de estas dos afirmaciones se esconde la idea de que la vida es el único maestro verdadero que se puede tener. Herzog , como muchos otros de los grandes ,nunca asistió a una escuela de cine y pensó en quemar la universidad en la que estudió poesía. Para él las escuelas de cine son la muerte de los instintos personales y anulan todo el desarrollo de la intuición. Yo estoy de acuerdo con una cosa, la sabiduría de la calle solo te la puede dar la calle. Es fundamental para rodar y mucho más para escribir un guión o hacer una entrevista. La intuición crece con el desarrollo emocional e intelectual. Son dos partes inseparables que se nutren una de la otra, pero es la emoción la que moldea. En eso estoy totalmente de acuerdo, no se puede enseñar en una escuela, al igual que a un pintor no se le puede enseñar a captar la tristeza de una mirada.

Hay que tener mucho cuidado. Yo en mi experiencia particular, he aprendido mucho más por mi cuenta que en muchas de las escuelas por las que he pasado. Pero de todas hubo dos en las que si aprendí muy buenas cosas y una de ellas fue la de cine. Tal vez fue por la ilusión que tenía o tal vez por la inexperiencia no lo sé, pero aprendí bastante. ¿Sobre como rodar una película? eso ya os digo que no. Solo se aprende en la calle, rodando y viviendo experiencias. Cagándola y cagándote en la madre de alguno. En cuanto a las técnicas de guión…bueno, caparon mi creatividad en un 80% Me leí un sin fin de libros sobre técnica de guión. McKee se convirtió en el Ave María de mi vida diaria. Pero no lograba avanzar, ni terminar nada con sentido. Pensé en dejarlo, pero no sin darme una última oportunidad. Mandé todas las técnicas de guión a la mierda y me puse a escribir un guión con solo dos condiciones; género y ambientación. Y magia…todo comenzó a fluir como nunca. Me comenzaron a pasar cosas que hasta entonces nunca me habían pasado. La que más me sorprendió fue la de estar como un lector que por primera vez coge un guión, solo que en este caso era yo mismo guionista y lector a la vez. No sabía como iba acabar ya que el argumento se iba transformando página a página. Los personajes me sorprendían y lo más importante de todo, comencé a disfrutar de escribir. Por otra parte descubrí que la técnica aprendida si es importante, pero que una vez asimilada, lo mejor que pude hacer fue olvidarme de ella de manera consciente y dejar que opere de manera natural. Es como cuando aprendes a conducir, al principio estás bloqueado, muchas cosas en las que pensar; freno motor, meto segunda al llegar a la rotonda, miro por el espejo retrovisor… No puedes conducir bien, pero una vez que te olvidas de todo, comienzas a ver el paisaje.