Monthly Archives: November 2012

ES UNA BROMA.

Maldito sea el tiempo, lo odio. Cuando era pequeño parecía estar de mi parte, presente e inmóvil, como la niebla de un día de invierno que parece formar parte de todo lo que vemos. Un día tenía veinticuatro largas horas que daban para mucho. Todo era jugar y ver películas, poco más, por lo menos ese era mi caso a los 9 años. El tiempo parecía algo lejano y el futuro lo veía parecido a Blade Runner y a Robocop. Pensaba que en el año 2000 los coches volarían y las personas serían mitad hombre y mitad máquina.  Pero no fue así. El tiempo nos dejo grandes cosas, la ciencia moderna, evolución artística, aviones, coches, lavadoras, cepillos de dientes electrónicos… pero a cambio, hemos perdido algo, el presente. Ahora el tiempo pertenece a un futuro que nos ha dado la espalda y que se oculta detrás de nuestra propia incapacidad de comprender que mañana es ahora.

Cuando era pequeño me preguntaron que quería ser de mayor ”feliz” respondí, una respuesta algo triste para un niño de 9 años, lo sé. Pero dio igual…“No Sergio, tienes que elegir una profesión” Antropólogo, dije. Me imaginé perdido en una árida montaña, desenterrando la historia, buscando respuestas en los huesos de algún primó lejano, y me gustó. Comencé a proyectar visiones de mi futuro. Era alto, delgado y llevaba gafas de tanto leer. Me sorprendía a mi mismo analizando los símbolos encontrados en un antiguo pergamino… ¿qué eran?  ¿quién los habría escrito y por que los habría enterrado? Creo haber escrito varios relatos cuando era pequeño al respecto, pero lo que no recuerdo es que yo tuviera algún libro relacionado con la antropología.  Nunca me lo plantee, igual que nunca me plantee ,que tal vez, si escribía a menudo y solo pensaba en ver películas, eso era lo que tenía que hacer. Yo “quería” ser antropólogo y todo el mundo encantado. El futuro se partía de risa… Somos una generación sobre-protegida, asquerosamente condescendiente y sobre todo, infantil. Creo que uno de los motivos de ello, es que no hemos encontrado nuestro sitio en el mundo, eso nos hace seguir pensando en un futuro ilusorio que nos aísla del ahora. Ahora es cuando soy escritor, AHORA. Ni antes ni después. Otro motivo, por supuesto, es el cine, la televisión y la publicidad, que usadas correctamente serían herramientas altamente beneficiosas, pero actualmente su función, es contraria a su naturaleza, en muchos casos.

Nos han gastado una broma pesada, algún loco. El mundo no es lo que pensábamos que sería. Creo que debemos volver al presente y escuchar nuestra voz interior sin importar lo que podamos pensar que será el futuro, no importa. Es mejor encontrar nuestro mundo ahora. Así que… escribir, cantar, bailar, luchar, follar, ayudar, estudiar, gritar…Haced lo que creáis que tenéis que hacer. Pero hacedlo ahora, por que mañana tal vez sea tarde.

Yo voy a seguir con mi guión.

Un saludo.

El cine Valderas

A veces, cuando llevo mucho tiempo sin pensar en ella, dando por supuesto su presencia en mi habitación, me acercó a la estantería y compruebo que sigue en su sitio. Custodiada por las figuras de Humphrey Bogart y Marilyn Monroe, por James Dean y Charlot. Su aspecto rudo, feo, puede inducir a engaño. Para cualquiera que no sepa su historia, tan solo es una piedra, un cascote de obra con un lado pintado de rojo. Algo muy fácil de confundir con basura en una limpieza ordinaria. Pero para mí es mucho más. Es uno de mis tótems más preciados. La piedra de un templo caído. Un pequeño trozo de pared del cine de mi barrio, del cine Valderas.

Recuerdo el tacto y la forma de sus entradas, parecidas a pequeños tickets de feria, y recuerdo el olor que te recibía nada más cruzar el umbral de su puerta. Un olor a palomitas y a regaliz que se mezclaba con el propio olor del cine, que con el paso de los años había conseguido hacerse con un olor propio, inconfundible, un esencia destilada a base de pases, de gente ocupando los mismos asientos año tras año. Aún recuerdo aquel olor dulzón, que me hacía respirar hondo al entrar, como si pudiera coger provisiones hasta que volviera a ir, como quien llena una cantimplora vacía en el desierto.

Recuerdo la ligera pendiente que había que bajar mientras buscabas un buen sitio, y recuerdo que siempre, desde la primera vez que fui, la mirada se me iba a ese techo tan alto, con ese aspecto marmoleo y gris, que me hacía imaginar las terribles consecuencias que tendría sobre mi cuerpo si le daba por derrumbarse. Al entrar en aquella sala, sentía que era mi sala, el cine que me había sido asignado para ver películas. Al igual que nos es asignado un código postal o un número de teléfono. Ese era mí cine.

En ése cine vi Parque Jurásico, con miedo y un deslumbramiento constante, y aún hoy, cada vez que veo al Tiranosaurios hacer su aparición estelar al final de la película, recuerdo como la sala rompió en aplausos. En ése cine vi Batman vuelve, también con cierto pavor y fascinación, sobre todo por Michelle Pfeiffer y su brillante Catwoman. En la pantalla de ése cine la vi por primera vez lamiendo como una gata la cara de Batman, y en esa pantalla vi como se metía un pájaro indefenso en la boca, para soltarlo ileso poco después. En ésa cine vi Matrix con mí amigo Javier. Nos metimos sin tener ni idea de qué iba. Bendito regalo. En ése cine vi Titanic sabiendo de antemano el destino del pobre Jack, porque nos lo soltó un chaval a mí y a toda la cola mientras comprábamos las entradas. Y en ése cine vi “La vida es bella”, y recuerdo que al principio me negué a aceptar el destino de Guido, cuando aquel guardia volvió solo.

Pasé por delante de ése cine durante años cada día. Estaba al lado de mi colegio. Mis amigos y yo solíamos detenernos cuando veíamos que había carteles nuevos, y nos pasábamos un rato viendo las fotos de la película. Muchas veces, con verdadera ansía, cuando la película era muy esperada. Aún recuerdo la cola que había para ver el Rey León. Daba la vuelta al cine como un cinturón.

Poco a poco, con la llegada de un multisalas que abrieron cerca, y el Kinepolis, el cine Valderas fue languideciendo, hasta que un día, cerró. No recuerdo la última película que vi en ése cine, porque mientras la veía, no era consciente de que sería la última.

Durante mucho tiempo, no sé cuánto fue en realidad, pasé por delante de aquel cine con la esperanza de ver un cartel nuevo colgado en los cristales. Pero el cartel no llegaba. Y el cine tenía cada vez más aspecto de ruina futura, de solar.

Un día, al salir del colegio, nos encontramos con un rodaje. Estaban grabando la secuencia de una serie, “Policías”, en el interior del cine. Era una serie que veíamos en casa, pero el hecho de poder volver el interior del cine, y grabar el capitulo en una cinta de VHS, hizo que siguiera la serie con mucho más interés. Finalmente, tras muchas semanas de espera, llegó el capitulo en el que aparecía el cine, mí cine. En el capitulo, uno de los protagonistas, un delincuente, se refugia en el cine abandonado para esconderse de la policía. Durante el capitulo, el cine aparece varias veces, y gracias a ése capitulo pude ver zonas que no había visto nunca, como la sala de proyección. En un momento del capitulo, perseguido por la policía, el prófugo sube a la terraza del cine, salta a una farola, se desliza por ella hasta la calle y sale corriendo. Creo que aún tengo la cinta por casa.

Finalmente, casi a traición, llegaron las excavadoras. Me hubiera gustado llevarme una butaca, algo más representativo de aquel cine, pero sabía que si aparecía en casa con una butaca vieja y polvorienta, me la iba a comer con patatas. Así que opté por coger un trocito de la pared. Un pequeño cascote pintado de rojo. Una pequeña porción de algo que sentía como mío.

Años más tarde, cuando escribí mi primer guión de largometraje, que sigue durmiendo el sueño de los justos en un cajón, hice que uno de los personajes, el hijo de los dueños de un cine muy parecido al Valderas, se refugiará allí tras matar a un chico. De alguna manera, era mi manera de volver a ése cine por última vez.

Ahora hay un bloque de pisos y un restaurante italiano donde estaba el cine. En el portal del edificio, a modo de homenaje a su predecesor, descansa el viejo proyector del cine, convertido en un bonito objeto de decoración.

Ya no hay un cine en mi barrio. El cine más cercano, un multisalas, está a las afueras, en el “Tres aguas”, un macrocentro de ocio. Y yo ahora, cuando voy al cine, suelo ir al Kinepolis. Pero en ningún otro cine me he vuelto a sentir como en ése cine.

De vez en cuando voy a algún cine de Madrid, que también se va llenando de cines cerrados, algunos verdaderos emblemas de otro tiempo, y me doy cuenta de que soy un privilegiado. Pertenezco a una generación que ha visto películas en cines de barrio, y que ha ido a algunos de los cines más bonitos de Madrid, ahora cerrados, o convertidos en tiendas de ropa. Y es que, cada vez que muere un cine, nace una tienda de ropa.

Descansen en paz.


The Darkened Room – David Lynch

TÍTULO ORIGINAL: The Darkened Room
AÑO: 2002
PAÍS: EEUU
DIRECTOR: David Lynch
GUIÓN: David Lynch
MÚSICA: Angelo Badalamenti
FOTOGRAFÍA: David Lynch
REPARTO: Jordan Ladd, Etsuko Shikata, Cerina Vincent
PRODUCTORA: Davidlynch.com
GÉNERO: Drama. Surrealismo. Cortometraje

El proximo día sera en serio


No ha dormido bien. Pero tampoco mal. Simplemente le encanta quedarse hasta altas horas de la madrugada viendo series extranjeras, o cine, sabiendo que ni tiene que madrugar, ni nadie cuenta con que lo haga. El sueño no es igual de reparador pero esa sensación parecida a un empacho de sueño, la mente lenta sin reflejos, le encanta. Por alguna razón ese estado, totalmente contrario a la frenética velocidad mental, con la que también disfruta, que se apodera de el cuando se pone el sol, le reafirma en su modo de vida. La cama lleva días desecha y no tiene ninguna intención de remediarlo.
Selecciona una camiseta, coge unos vaqueros del suelo y entra en el servicio. Se siente algo gordo. Debería bajar unos kilos, el pensamiento recurrente de todas las duchas, cuando encuentra sus imperfecciones desnudas ante el espejo, pero se queda en el cuarto de baño. La camiseta le queda bastante bien, y con los vaqueros los muslos pueden pasar por musculosos, tanto que a los 5 minutos el se cree su propia mentira.
Tiene que trabajar con el ordenador por lo que, mentalmente, mientras mete algo de ropa en la lavadora, realiza un planning perfecto y responsable. Se prepara la comida-desayuno que tomara viendo el capitulo de Lost que le falta. Son 45 minutos con lo que a las 15:00 puede armarse con su iPod y salir a dar un paseo. Es necesario caminar, un par de semanas antes de ponerse a hacer ejercicio, quiere adelgazar pero todo el mundo recomienda ir poco a poco, tan lentamente como sus mentiras calan en él justificándose ante cualquier fracaso con antelación.
Cuece unos huevos, abre una lata de bonitos y coge el bote de mayonesa. No es alta cocina pero lo puede mezclar en el tazón de los cereales, que es más cómodo para comer en la mesa del ordenador.
Tras el paseo llenara una botella de 2 litros de agua, a ver si se toma un par en el día y ninguna coca cola. Se sentara delante del ordenador y trabajara un rato escribiendo , otro estudiando y documentándose sin descanso hasta por lo menos las 21:00 horas, una tarde productiva y responsable. Algo que contar cuando tomando cañas sus compañeros carguen de razones sus meritos para beber esas cervezas basándose en cuitas laborales.
Se siente lleno, satisfecho estaba a las 21:00 cuando se termino la primera, pero hacerse y comerse las 2 pizzas individuales de supermercado puede que fuese demasiado. Encima esta sentado viendo en la tele algo que no le interesa y tiene que desabrocharse un botón del pantalón por culpa de su tripa. Ha fracasado, se siente sucio, aunque pensándolo un momento el iba a empezar en serio mañana. Por un ultimo capricho no pasa nada, total mañana va a madrugar un montón, ahora mismo pone la alarma a las 7:30, sale a correr 45 minutos, en casa hace 30 minutos de flexiones y después de una ducha fresca desayuna fuerte, ya que el resto del día hará muchas comidas, seis o siete, pero a base de frutas , verduras y quizás se compre esas barritas de cereales. Y encima cuando madruga y hace ejercicio se encuentra tan bien que seguro que no le cuesta nada ponerse a trabajar todo el día, recuperando el tiempo de hoy. Además por la tarde le da tiempo a ir a un museo o a la filmoteca, después, temprano, un yogurt y a la cama. Ya esta, un par de meses así y voy a tener un cuerpo de escándalo y ninguna tarea pendiente. Es tan claro y sencillo que ya se siente como si lo hubiera hecho.
Recuerda algo de embutido que le queda en la nevera, eso y la media barra de pan, con un par de lonchas de queso es un remate estupendo para la cena.
Solo tiene que despejar la mesa de latas de Coca cola vacias.